Todo empezó con Pamela



Mi adolescencia quedó marcada por la serie "Los vigilantes de la playa". Allí descubrí a la mujer de mis sueños (húmedos), la mujer a la que diariamente tenía que ofrendar mi tributo blanco. Se llamaba Pamela Anderson. Tardé en descubrir cuál era la razón de mi obsesión. Era, desde luego, muy guapa, y tenía un cuerpo muy esbelto. Era una rubia preciosa, desde luego. Pero poco a poco me fui dando cuenta de que lo que me obsesionaba de ella eran sus tetas de silicona.
Noche tras noche, pensaba en esas tetas perfectamente modeladas en el quirófano. ¿Cómo resultarían al tacto? Las imaginaba duras, de una textura muy distinta a las tetas de las chicas de clase, blandurrias y suaves, que me daban un poco de grima. Toda mi obsesión era tocar, palpar, lamer, besar, adorar unas tetas de silicona como las de Pamela. Y llegada la edad me dispuse a hacerlo.
Descubrí que había muchas mujeres con las tetas siliconadas. Pero todas ellas tenían la misma obsesión: que no se notase que sus tetas estaban operadas, que la silicona no se percibiese al tacto. ¡Me enfurecía tocar unas tetas operadas que fingían ser naturales! ¡Odiaba tener que buscar los implantes enterrados en la carne blanca! ¡¡¡¡Yo quería tocar unas tetas de silicona que se notase que lo eran, que se ofreciesen orgullosas en su artificio!!!! Pronto me di cuenta de que las mujeres orgullosas de sus tetas de silicona eran una rara avis, que todas trataban absurdamente de disimular su paso por el quirófano.
¿Todas? No tardaría en descubrir que existía un gremio que, lejos de esconder la procedencia quirúrgica de sus tetas, la exhibían orgullosas. Eran las chicas de compañía o escorts. Había que gastar mucho dinero en ellas, pero si quería hacer realidad el sueño que Pamela Anderson me había inoculado tendría que resignarme...
Desde entonces han pasado quince años ya... Y he disfrutado (pagando) de muchas mujeres de tetas recauchutadas. Este blog está dedicado a ellas.


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